Maverick Ink Press

kazetaritza, prensa, presse Noticias que NO caducan

Mi foto
Nombre:
Lugar: DEBA, Gipuzkoa, Spain

Nace en Madrid, estudia en el Lycée Français (BEPC por Université de France) y en RESAD: actor durante ocho años. Entra en La Codorniz, 1961. De gacetillero pasa a publicar como Rafael Castleman unos 700 relatos ("Tiemble después de haber reído"). Trabajó para La Voz de España, Egin, Punto y Hora, Kantil, Información Confidencial, Interviú, Tiempo, El País, Argia, Reader's Digest, Hemen, Radio Vitoria, Euskadi Información, EiTB, Cacumen, Lógicamente, Berriak, Euskadi Sioux, Ardi Beltza. Elaboró en comic la serie Gabai. También: Iñigo de Loiola. Sus libros: Cosas, anecdotario de Euskal Herria; Tiemble después de haber reído, Vascos heréticos, Sutondoan, La Viuda, Anes Arrinda, Los Anafroditas, Misterio de Vizcaya, Guía de Madrid para vascos, La cocina romántica, Beorlegui pinta el tiempo, Los vascos también ríen, Euskaldun heretikoak, magia eta sorginak, "¡Tiemble después de haber reído!", El Changai (inédita por pacto). Novelas cortas en antologías del Género Negro y S.F. Sus guiones de cine: Mar Adentro, Bandera Negra, Eskorpion. Envía ensayos a Rebelión y a El Otro País. Escribe catálogos de Arte. Imparte conferencias. Distinciones : La Codorniz de Plata. _____

sábado, abril 28, 2012

Maverick Ink Press: Oteiza alias Oteitza IX

Maverick Ink Press: Oteiza alias Oteitza IX Maverick Ink Press

jueves, abril 12, 2012

INCULTURA GRATIS!!!!





Releo, luego existo
Texto y foto © Rafael Castellano


"Una máquina puede jugar al ajedrez,
pero no inventarlo" (releído por ahí)

"No leas, la peña de tu edad no lee ni lo necesita. Deja eso, ni lo toques, caca. ¿Para qué lees, si la juventud no lee, si te van a marginar y a hacer búling por bicho raro? Tú atiende, que somos la verdad revelada, a menos que alguien nos financie convenientemente para dejar de serlo. Convéncete, cuando cuente hasta tres, de que la lectura ha muerto. Luego tira este periódico a la basura. No nos compres más: nos harás un favor, son enigmas de la mercadotecnia. Te dirán los moralistas que los publirreportajes revestidos de noticia que aparecen como inserción obligatoria en estas fechas son descaradas i-manipulaciones mercantiles. O sea, anuncios muy poco subliminales que computan en bola de cristal que lo que más te van a regalar Santa Klaus, Olentzaro o el trío de Reyes serán e-books. Cachivaches de chichinabo, pero que fardan que no veas. Tú no te preguntes si los textos allí contenidos se los ha bajado masivamente y por la patilla una mafia decentísima, provista del correspondiente CIF, para sacar el mayor beneficio. Ni si sus firmantes van a percibir sus legítimos emolumentos por haberlos escrito, o se va a pasar, como viene ocurriendo, de ellos: eso de la propiedad intelectual es elitista, lo dice el avatar de Belén Esteban".
"Otro publirreportaje USA asegura, más sondeos de 500 personas, que las ventas del e-book en USA de 2008 a 2009 crecieron en un 176%. Es ciencia porcentual explotada por los insignes doctor Gallup, estadístico, y Hearst, magnate de la prensa. Habrá lumbreras de mierda que dirán que se trata de retórica torticera, como cuando el "Fortune" instala en portada: "Is Google over?" Te dirán en la Uni que titular conjeturando (adrede) lo que aún no se ha producido es pecado mortal periodístico. Que hacerlo en retórica, fuera de zona publicitaria, con puntos de interrogación que las masas percibirán como afirmaciones contundentes, está muy feo. Tú, ni caso. ¿Los frustres posteriores por haber recibido un artilugio de la más alta i-maquinación? No hay datos. Nunca los habrá. Pero ten por seguro que hemos verificado nuestras fuentes y están todas de acuerdo: por algo elegimos a quién llamar. Haz caso, analfabetízate, que es lo trendi, y permítenos que pensemos por ti y que no tengas que esforzarte".
"Para qué necesitas, además, tantas palabras si todo se resuelve con lo de hacer los deberes, ponerse las pilas, pasar página, hoy toca, el protocolo, las líneas rojas, delante tuya, aprobó los exámenes (una Delegación Diplomática); le mató (a ella); paranada, el no conocimiento, la no igualdad, la no-validez, la no- capacidad, que-no-se-vuelva-a-repetir (por 'que no vuelva a suceder'); ha vuelto a confirmar ha vuelto a recaer, punto pelota, jugar ('desempeñar, interpretar') un papel, volvió a reiterar, implementar, el icono, la no existencia, la dijo (propulsándola desde la laringe); la buena noticia-la mala noticia, delante mío y demás lenguajes únicos utilizados por los ministros y ministras (como la aludida) y trasladados al pueblo soberano por los periodistas. ¡Por los pe-rio-dis-tas! Te hablan a ti, y a nosotros, como si tuvieras 12 años en vez de 16. Nos rejuvenece, como mi antiarrugas. Y tú ni caso a Chomsky, no estudies nunca a ese tipejo. ¿Idiomas? Pero si hay traductores automáticos que ponen ¡sálvate! cuando quieres decir ¡huye!; y 'un descenso dramático de los impuestos' cuando quieres decir 'un descenso espectacular, etcétera'. No te preguntes nada, nosotros tenemos respuesta para todo. Un libro, o un diccionario, es algo demodé, carca, pijo, tercermundista y supercutre. Además, engorda".
********
Esta invasiva hipnosis mediática que prefiere no divulgar, ya puestos a hacer espectroscopias, que cifra arriba-cifra abajo en España hay tantos lectores del "Marca" -- de
papel -- como parados, es letanía cotidiana. Sutil o descarada, no cesa. Lo más deleznable es que comenzó por la contraria, buscándole a Internet y Google defectos, riesgos y calambres para, en cosa de horas, qué tejemanejes habría por medio, ensalzar la e-literatura y decretar la muerte sociológica del oficio sin futuro de escribir, impartir conferencias, redactar catálogos de Arte o prólogos. Se insta a dichos profesionales a algo similar al sappuku: a que prosigan e-escribiendo sin la menor garantía de ser retribuido hasta que caiga el maná de los holdigs (des)interesados en el oficio de escribir. Ello, cuando esos creativos ya estén más fiambres que una pizza hallada en el sepulcro de Amenofis IV. Consiste, la operación, de incrustar en mentes ya abúlicas el milagro de que van a poder leer sin necesidad
de leer. Todo les entrará por vía electrónica, antes ciencia infusa. Podrán prescindir de esos libros de texto ¡carísmos!, gritan las matronas al llegar el comienzo de curso después de unas vacaciones tropicales. (Queden los patriarcas al margen, son minoría heroica los que se ocupan de la marcha académica de su descendencia). Y los comentarios de blog las alientan, y ovacionan unánimes la bajada y posterior congelación de sueldo del 5% que van a sufrir esos enseñantes que no saben explicar y por eso sus retoños suspenden. Enseñantes cuyo salario sale de nuestros impuestos, sí. Como el de las casas reales, que son varias, algunas de poco fiar, demasiadas, o las nóminas ubicuas de Rosa Díez, o el sueldo descomunal, pese al retiro forzoso, de esa canéfora de pitiminí que es Leire Pajín, peligrosa por socióloga de citada escuela Gallup. Diestra -- de tonta, nada, no seáis membrillos: finge serlo que es peor --; diestra en lo de estadísticas que no admiten el 'depende'. O los nada desdeñables emolumentos, de consolación, para Bibiana Aído, Secretaria de Estado para Gerontocracias demodés y Periodistas que Ladran y piedra angular de ese leísmo crónico que nos desorienta en cuanto a quién acuchilló a quién. Bibiana ha desaparecido hasta de las autocríticas que desglosarán en motivo de la goleada infligida al PSOE. Sigue habiendo tabúes. Será que los hombres también votan. Cosa (y no confundáis funcionariado con burocracia impertinente y borde) que parece no agraviar a las familias. Ellas, a por la maestra y esos libros que tanto el programa como los avances científicos y lingüísticos, la obligan a utilizar. Abajo, un acierto del Metro madri. Aunque ni caso. Pero tal y como desciendo por Andutz cavilo que algo ocurrirá para que el Metro no exhiba paneles pidiendo respeto para otros gremios: médicos, arquitectos, policías. ¡Escritores!
"El último oficio"
He aquí la radiografía de un país: el desdén furibundo por la raíces del saber. Que es que les dejan durante demasiados meses a las criaturas en casa. Con lo que, colmo del pijismo, se las adjudican a los abuelos, que para eso están jubilados y no tienen nada que hacer. La basca pensionista es una gerontocracia para desguace. Mucho menos podrán acudir a un centro cultural, a alternar con la cuadrilla, a leer el "Marca" o a presenciar una charla. O a embeberse en una novela. O a ver el fútbol, o el culebrón, en la tasca. Consultamos a uno de ellos que, resignado y dubitativo, meneaba el cochecito: "A esto lo llaman el último oficio". Es chantaje sentimental. Así nos va. Así nos irá a muchos. La única esperanza radica en la autodidaxia. Se imparte en la Cuesta de Moyano y mercadillos y tiendas similares del gremio más bibliófilo: el del libro de lance.


Depende la tecnocharlatanería que nos aflige de intereses globales muy alejados de lo cultural, mucho más de lo intelectual, condición que ha pasado a ser insulto. Se intenta, ráfaga a ráfaga, meter interesadamente en 'rehab' a los adictos al volumen de primera o tercera mano. Impreso, por supuesto. Adictos dije, sí: una leyenda urbana madrileña asegura que quienes planean pasar unas horas hurgando en las barracas de esta costanilla tan ilustre, siempre procuran llevar en la cartera lo justo para un par de ejemplares. Cosa de no salir de allí con un saco lleno de libros y el bolsillo vacío. Lo cual los asimila a los ludópatas que van de póker fuerte. Es a modo de comparación.


La búsqueda de volúmenes y tomos náufragos tras un romance que se fue a pique o a raíz de la desarticulación de una familia caída en orfandad y que abomina de heredar libros -- ya no se llevan en el diseño de interiores con fengshui --; este rastreo de libros expósitos y venidos a menos cuyo origen bastardo les otorga un caché distinguido ya ha convencido a quienes lo practican de que el ejemplar más superventas, éxito irrebatible según las clasificaciones de los colorines dominicales, rara vez es el más leído. Se puede demostrar, y a ello iremos más adelante.

Para mayor paradoja, el libro que figura como el bestseller más mundial en dichos suplementos literarios suele ser, abracadabra, el menos comprado. El ilusionismo de obligar a leer algo, dejémoslo en adquirirlo, voceando que es lo que más se lee es fórmula antigua calcada de la discografía en hitparade radiofónico de los 10 más escuchados (por quien los compra). Antropológicamente, se basa en el gregarismo que deriva al evolucionar (¿involucionar?) el sapiens de la caza al pastoreo: de la acción a la pasividad. También constituye la médula de los programas, sondeos y discursos preelectorales.


Outlet de bestsellers

En círculos ágrafos se describen unos a otros el argumento del libro de moda mediante la denterosa pregunta de: "¿De qué va?" Una vez informado en digest del contenido de la obra a partir de una sinopsis de solapa transmitida por la amiga que ha recibido el gran éxito como regalo de cumpleaños, aquél que nunca lo adquirió, mucho menos lo robó o socializó mediante el tocomocho del "me lo prestas" -- eso es dandismo de iniciados -- ya puede debatirlo en profundidad. Queda, asimismo, la cínica coartada de afirmar: "No pude pasar de la tercera página"; y así, salir airoso en la tertulia.En cuanto al prodigio de que elbestseller no se vende, es un hecho que puede constatar cualquiera que lo halle infraganti, intruso y virgen, en las ringleras de la barraca. Desentona entre otros títulos ya ajados y heridos en combate que se ofertan de saldo en los cajones de Moyano. No cuadra por su brillo y complexión: recién salido del almacén. Lleva una faja de "Quinta edición" (de 1.000 ejemplares). Es outlet de rotativa. Ejemplifica el choque inminente entre dos interpretaciones del libro como deseo: el joven e-mentalizado querrá el e-book que todo el mundo tiene; el trampero novel de libros raros y descatalogados, en cambio, ambicionará el volumen que nadie posee. Por un par de monedas y creyendo que el librero no sabe lo que tiene, ingenuo, puede pensar mientras hojea su tomo irrepetible y recién depredado: "Leo y releo, luego existo". Se ruega pues a la peña enganchada al libro convencional, al libro (des)encuadernado -- a partir de aquí el libro, lo demás son sucedáneos en busca de identidad -- que neutralice el monólogo interior, joyceano o cervantino, que exhaustivamente se le transfiere al cerebro. Malware incluido: "No leas, leer lleva a escribir y eso carece de salidas laborales: el e-book se escribe y lee solo, te empapa de cultura con un pestañeo. Y no olvides que es gratis para ti. Para nosotros, no: son fenómenos del marchandísing".




Maligna 'freelosofía
Free-free-free!, es el aullido de la crisis manirrota que, si te buscas un buen libro de Historia no adulterada, los hay, ventéalos, viene afligiendo a los imperios pordioseros desde los días de Felipe II. Otro que también centraba el IPC y el PIB en el sector del ladrillo: ahí está El Escorial, cuya mampostería se extrajo de canteras al aire libre: las de Mingorria (Ávila). Tú investiga bien y hallarás la chispa de tu tesis, de tu evaluación, de tu examen decisivo; que esto de Moyano y otros rastrillos del libro-libro tiene su compensación: datos exclusivos.


"Cultura gratis", he llegado a leer en una pancarta desplegada en la Azoka de Durango. Para desazón de quienes allí, en vilo, se queman las pestañas firmando sus últimas producciones, sus noches de desvelo, sus carreras sobre las ascuas incandescentes de la duda creativa. Este año ha reaparecido justo el día de la inauguración para profesionales de la Edición y la creación de libros. La instalaron unos miserables carentes de adjetivo exacto. Tuve que acudir a la recepción para decirles que aquella pancarta instalada con tamaña permisividad me ofendía personalmente. No os fiéis de las personas inmunes al adjetivo. Muy mal comienzo, el de Gerediaga. Que, para colmo, promulgó al finalizar la paradoja de que el balance "había sido positivo". En "La Primera Catástrofe" de Dos Passos, excelente traducción de 1929 que allí en Moyano exhumé, el personaje dice: "Esta muchacha es anarquista filosófica, se le pasará". Si al gremio de escribas se les facilita un sueldo mensual acorde con sus esfuerzos, parejo con el de un secretario de subsecretario, muy bien. Pero empecemos por ahí.

Estamos en un País muy bien provisto de fundaciones y bibliotecas públicas, incluyendo las de los centros educativos. Residimos en municipios donde te puedes llevar a casa prestado ese título que te atrae.Y donde la enseñanza es gratuita. Sí, gratis, exceptuando esos libros cuyo precio tanto escandaliza a las matronas pese a ser muy inferior al del modelo ideal-ideal que desea vestir tras pasar por elspa. Gratis, con una condición: que no se desaproveche tan valiosa oferta cultural de la Administración por parte de progenitores y prole.

Monólogos interiores
Aquel insulto sin fundamento, infame, "Cultura gratis", que cunde por las redes asociales, puede traducirse como libro sí, autores no. Se refiere a la vieja idea de que en todo ser humano subyace un creativo y que, por lo tanto, hay que eliminar a las llamadas'firmas' para que las sustituya ese otro individuo sublimado que, cierto, puede crear si se esfuerza y lee, lee y no para de leer a dichas rúbricas presuntuosas y anteriores a la suya propia. Porque, no lo dudéis, ese mito se pondrá a firmar, a rubricar, a participar en toda suerte de mesas redondas, se trate de lo que se trate,y a conferenciar sin tregua en cuanto se vea lanzado al Parnaso por el 'star-system' que redacta las listas de más vendidos y menos leídos. Actuará como el monstruo de Mary Wollstonecraft. Con lo que se convertirá a su vez en 'firma' virtual.
En cuanto a monólogos interiores que en su momento se creyó técnica propia del realismo mágico latinoamericano, mejor si te informas al respecto pillando, cual zahorí con péndulo, el impresicindible ensayo "Tres Síntomas de Europa: Joyce, Van Gogh, Sartre", cuyo autor es Domingo García Sabell. Se lo publicó La Revista de Occidente. En cuanto a tal recurso narrativo, iba diciendo, de engranar el pensamiento con la argumentación, más bien debemos atribuírselo al "Ulysses", de James Joyce, novela en cuyo transcurso el personaje central, Stephen Dedalos, se sumerge en la convicción de que su conflicto, al contrario que el de Odisseus -- rey de Itaca que rechaza la inmortalidad ofrecida por Calypso porque se sabe itaqués, o itaqueño, o itaquiano, y no precisa de que el Olimpo se le ofrezca como familia de acogida -- consiste en que se siente apátrida en su propia Irlanda. Sirve para cualquier otra comunidad que dude de su propia existencia si la desviculan de Wall Street.

No concibo el "Ulysses", que ya estará digitalizado, leído en e-book. Es como beber un gran reserva en vaso de plástico del chiringuito. Un sacrilegio. El soporte idóneo para el "Ulysses" es el cuaderno de espiral con caligrafía de estilográfica Waterman "Ripple", modelo de 1923. Fabricado en ebonita y con carga a palanca. El cuaderno, con tapas de hule desgastadas y rugosas. Que huelan a hule.
El acogerse al intradiálogo consigo mismo, empero, ya es propio del "Quijote" cervantino, cuyo inagotable discurso íntimo halla en Sancho un espárring de primera categoría. Ocurre, he ahí la empatía universal del personaje, que el tal hidalgo, Alonso Quijano, es el primer bibliófilo-bibliómano empedernido y que, como al principio describimos al condenar la reacción del poder contemporáneo ante cualquier actitud culta, es acosado por el control social. Le quemarán los libros. Qué antecedente, qué coartada para los poderes de la i-maquinación: no leas libros, que los papeles volvieron majara al Quijote. Traen ratas y cucarachas y acabarás en el frenopático como tu abuela, que se tragó todo Corín Tellado mezclándolo con Lovecrafft. A Quijano, cierto, le gustan los folletines de caballerías, la S.F. de entonces, cuando Harry Potter se llamaba Merlín. Y lo tomaron por pirao incurable por el mero hecho de leer. Este es el espantajo español de toda la vida: incultura gratis y vivan las caenas.

El Quijotismo como síntoma, pues, es endémico y vuela libre hasta que nos topamos con ese Panza epicúreo, pragmático, ladino y superviviente -- el Quijote es un supermoribundo -- a quien todos los grabadores de todas las ediciones representan obeso para contraponerlo al Hidalgo acecinado y estilizado: pero que el autor jamás describe como tal gordinflón. Desafío a cualquier quijotista a que me señale la línea que describa a un Sancho gordo. Va una cena.
Es más, se le supone, a Panza, tirando a escuálido a fuer de hambriento contumaz. No sólo nos recuerda nuestra condición básica comiendo: defeca. Detalles y precisiones que nadie podrá cibernetizar, a menos que encuentre previamente, en Moyano, o en librerías de lance y anticuarias, la edición de 1865 de Gaspar y Roig, calle del Príncipe, 1, Madrid. ¿Por qué? Porque las notas al pie corren a cargo de Arrieta, Pellicer, Clemencín y Janer.

Menú del e-día
Porque, digan lo que digan, se omitirán los prólogos de ediciones sucesivas, los comentarios de eruditos según la fecha de tirada y los subrayados de quien antes leyó y opinó, a lápiz iracundo, sobre el pliego. No es sólo estética, como sostienen algunos que no quieren pasar por retrógrados: es esoterismo, telepatía táctil. Las i-cosas siempre contendrán, insisto, un repertorio cerrado con algunas herejías que lo confirmen como de-mo-crá-ti-co.
Pero, eso sí, hermético. Con las mismas listas negras de escribas hostiles al sistema de que disponen algunas empresas periodísticas que, como los hipocondriacos, no paran de gritar que se mueren porque no mueren. Así, la campaña contra el libro, aparte de aprovecharse de la aprensión congénita del español, desde la llamada Generación del '98, a parecer reaccionario y escasamente europeo, oiga, que esto no es Grecia -- olvidan a Homero, Kavafis, Epicuro, Sócrates, Aristóteles, Kazantzakis -- se prolonga en telefilmes de misterio donde los detectives y las sagaces inspectoras echan mano (publicidad estática) de toda suerte de cachivaches de tecnología puntera que desvirtúan lo que debe ser un 'thriller': esto es, los superpoderes inductivos del prota.
Holmes ya le dijo a Watson, hombre de ciencia (desenterré en Moyano la edición de Tauchnitz, 1927, en la que Conan Doyle, muy a su pesar, se reintegra a lo que el consideraba su infraliteratura y, forzado por un público agresivo, resucita a Sherlock). Dice Holmes: "Yo soy un cerebro, amigo Watson: en mí, todo lo demás es apéndice". En la actualidad, fíjáos, lo que predomina es la abulia ilusionista: el crimen lo resuelve la última iPollez surgida de Silicon Valley y aplicada a la criminología de ficción.

Sea lacónico, por favor
Observa, añaden los insidiosos, en cómo el e-mail terminó con el género epistolar. ¡Cómo que lo mejor de Dostóiewski son sus cartas a Ana Grigorievna precedidas por la biografía de ésta a cargo de Verdaguer! ¡Tira eso, que no tiene ni portada, es antihigiénico! Hoy en día el que se pasa de dos frases recibe la callada, o tan escueta respuesta que se siente grosero, ciberligón, verborreico y abusivo. Aducen, por tanto, que esos raros que leen (y que escriben correos de más de seis líneas) van a poder hacerlo gratis, además, en Internet. No es exactamente lo gratuito, sino que quienes escriben no cobren lo que elaboran. Porque el Estado (la Autonomía) ¡¡¡¡está en crisis!!! Abretesésamo que hoy sirve para todo gracias a la Brunete mediática, como lo llama Anasagasti. Ello define al Estado de Bienestar excepto cuando EEUU incluye el dinero, el parné, la chaucha, la divisa, esa cosa tan abstracta, en la gratuidad.
Se oculta que, si bien pueden bajarse los libros y leerlos descabalados en folios, los cartuchos de tinta no son precisamente gratuitos: cada uno cuesta más que tres ejemplares bien confeccionados. También ocultan que aunque la impresora de siempre vaya de maravilla, cada vez será más difícil hallar los recambios adecuados para ella porque lo que se llevan son otras de diseño más atractivo. O las inalámbricas, de dudosa utilidad. Luego hay que interfoliar y forrar las hojas. Un pastón. Y fuerzan a renovar cada año, eso es de cajón, todo el equipo digital con sus accesorios. Hagamos cuentas.


Se silencia, además, que lo que se pretende es divulgar y vender de forma masiva y a toda costa el e-chisme (también será mutante, y sépase que nada que caduca es barato) programado para expoliar y piratear a esas gentes que escriben y se creen superiores y geniales. No habrá editor, se frotan las manos, que se arriesgue a publicar en analógico. Es el momento de desvalijar a esa cuadrilla de pisaverdes y cursilindas, sean escritores, catedráticos, poetas o filósofos, de todo cuanto hasta entonces hayan dado a luz. Con total, por no decir unánime, impunidad. Qué se habrán creído que son.
Expoliar ideas no es 'piratear'
Ya intuye, empero, esa generación que ahora crece y crece, ni más ni menos sensata que la anterior -- tan adultescente y pródiga en aspavientos ridículos, como si acabara de descubrir que existen las anfetas, el alcohol con speed, la farlopa y el rock ácido de California -- que se la prefiere bien controlada en botellones on-line antes que cultivada en exceso. Siempre habrá esclavos voluntarios, pero gran parte de esos jóvenes se percatan de que hay gato encerrado en la disyuntiva ilógica (no existe la 'inteligencia artificial', la 'estupidez artificial' sí que abunda) que fuerza a escoger entre el aparato de colorines acaramelados y la noble pelleja del libro. Ahora deben de convencerse, de una vez, que bajarse asuntos culturales sin pagarlos no es 'piratear', o sea, romanticismo caribeño de la Isla Tortuga o de las obras de Salgari: es expoliar: es delincuencia común inmotivada y dirigida a quienes no son los culpables. Es como atracar a la vendedora de chuches de la esquina porque los bancos suben las hipotecas.

A saber: quieren clavar en la mollera de la chavalería que el libro ha muerto por aburrido, lo cual incurre en lo más grave que puede sucederle a un objeto contemporáneo. Hoy todo ha de ser divertido, desde unas compresas a un contenedor de basura, pasando por un ataúd y unos alicates. Una vuelta por cualquier Feria del Libro de solera, por Moyano, por Libreros, por el Pasaje de San Ginés; una ojeada a los que curiosean los cajones, lo desmiente. Ello, por no hablar de la webs donde conviven el bibliófilo y el vendedor de volúmenes "antiguos, raros, curiosos y agotados", como reza el eslógan de Libros Madrid.
No se me oculta, ni a mí ni a nadie con un mínimo de caletre, que pronto van a convivir el libro electrónico (impuesto) y el compaginado (elegido). El primero llegará a ser sólito; el segundo, siempre insólito. Por mucho que se propugnen clichés contra la inteligencia, una fina intuición digna del salvaje que aprendió a tallar un hacha a partir del sílex sirve de antídoto a quienes son sometidos a detergentes consumistas, los aludidos publirreportajes disfrazados de artículo científico, para que no opten por aquello que, les insinúan, es una pelmada indigna de su breve condición núbil y de su facilidad para lanzar SMS y asesinar la gramática (adrede, no como los representantes parlamentarios, que lo hacen a su pesar y el de quienes les pagan).

Pero no lograrán implantar el Cretiniense. Algo muy significativo, óyeme, sucede en Norteamérica. Cuando allí pisa el escritor de un solo libro, de una novela corta incluida en antología, de una simple colección de artículos o poemas recopilados tras publicarlos en el último periódico de provincias del mundo, se le considerará personaje extaordinario e incluso personalidad. Los EEUU nos venden tecnología que para ellos es incultura de masas. Tecnología punta que equivale, qué revancha, a las cuentas de vidrio que el conquistador entregaba al Gran Jefe a cambio de Manhattan. Allí los estúpidos son minoría, pero gobiernan porque son inmensamente ricos y porque los Homer Simpson les votan aun ignorando el origen histórico del "Tea Party" separatista; yo me enteré tras levantarme en la librería de un hippy de Old Saybrook, Connecticut, la "Penguin History of the United States of America", del británico Hugh Brogan). Creedme, cuando una persona que publica sus escritos entra allí en sociedad, sea ésta la que sea, se le concede una admiración absolutamente antípoda de la actitud de menosprecio que aquí padece. Es ley de vida: lo que no desean para sí nos lo exportan los norteamericanos a nosotros, los europaletos, los 'rednecks' del Viejo Mundo. Como el predicador que vende crecepelos en el western, nos encajan productos mix que, pasados siete años, ya no les mola.

¡Pillé la colección de "El Víbora"!
Ello no obsta para que se vea en España a la juventud, concepto inespecífico, pero yo me entiendo, leer por los parques, los transportes, los bancos públicos, las playas. Se les descubre, para desesperación de los tecnoprofetas, embebidos en gruesos volúmenes y prefiriendo el cómic a la consola. (Hay una frase que horripila el vello de unos progenitores que claman ante lo que juzgan una generación desmadrada: "¡Me he pillado la colección completa de El Víbora y Makoki! Eso es de vuestros tiempos ¿no?")
Hace años el librero anticuario arriba aludido, Miguel Madrid, de "Libros Madrid", me resolvió la incógnita: "Un bibliómano colecciona libros; un bibliófilo, además, se los lee". En su establecimiento de Campomanes, como en otros muchos de la calle de San Bernardo, de la que se mereció la placa de Los Libreros, que cae entre la Gran Vía y la calle de la Estrella; en las baldas enigmáticas de las barracas de la Cuesta de Moyano, en el Pasaje de San Ginés, en idénticos establecimientos ubicados en toda localidad de nuestra geografía (qué decir de Portugal) se trafica legalmente con este hábito que, iniciado en la infancia, después no se interrumpe y carece de tratamiento y de antídoto. Internet no es contrincante, debes huir de ese sofisma: es la mejor de las complicidades entre lo dactilar y lo digital.


Otra sandez contagiosa es que cómo puede seguir habiendo libros -- y gentes que los escriban -- "¡¡en pleno siglo XXI!!" Claro, no hubo nunca pleno siglo XII, ni pleno siglo XV, ni pleno siglo XVIII, ni plena (pre)Historia. Sólo es esta era la que vamos a vivir, ergo es el novamás y lo que hubo antes no existe. Únicamente lo que se inventa ahora son nuevas tecnologías. No lo fueron la rueda, el arco, el pararrayos, el teléfono, el gramófono o el paraguas.
Un peligro, pues, la bibliofilia, para un universo concienzudamente estructurado de forma que haya que ser moderno en fase invariable y a toda costa. Inarrugable, también: ahí están los productos ¡anti-edad! Los proletas en paro, ya indiqué, tienen el "Marca" de papel. Pues es de los mejor redactados. Con su equipo de titulistas. La sección de Deportes creó la sinécdoque, el entimema del 'offside' y un sinonimato día a día enriquecido (y obsoleto al ritmo de los tiempos, ya no se le puede llamar al árbitro 'trencilla'). Aunque su mayor cualidad es que le es imposible manipular las cifras: si ha sido 3-1, es 3-1 aquí y en China, diga lo que diga el Vaticano.
Baroja en el repecho
El emblema de los buscadores de chollos y tesoros intelectivos, o novelescos, en las barracas de Moyano -- cito el lugar como meca simbólica de este sano vicio -- es Baroja. Allí, en esa calle perfumada por el Jardín Botánico, pudo y supo abastecerse un Pío aún sin don cuando no tuvo más remedio -- el editor presionaba -- que documentarse con textos y estampas para sus "Memorias de un hombre de acción", la serie de Aviraneta. Los libros, empero, eslo que tienen, que crionizan a los muertos y que éstos siguen planteando una obra fija y sin embargo mutante. Obra que resulta distinta para cada lector que la lee y según los años que median entre cada relectura a cargo de la misma persona.
Preside este escritor el zacatín desde el repecho. Antes estaba en el Retiro, a un paso. Hasta que algún edil con entendederas indicó que si bien era cierto que paseaba por el parque desde su casa de Ruiz de Alarcón, no lo era menos que acababa irremediablemente en los tenderetes, escrutándolos, calibrando los ejemplares. Si se compara mentalmente un libro de Baroja en e-book y otro de edición Caro Raggio con grabados de su hermano Ricardo, no hay color. De verdad, en serio, oidme: desconfiad de imitaciones. Y de artículos tendenciosos en i-periódicos de papel. A Kindle no le interesa difundir cultura; sólo vender esos bártulos suyos proclamando que en USA vende mucho. Sin más pruebas que sus propias estadísticas encargadas al Departamento de Propaganda como eso de los bienes intangibles. Que el español es la segunda lengua más analfabeta del mundo. Y aquí, protectorado EEUU, nunca se puede ser menos que los Jones. La publicidad no consiste en un "Estoy aquí y vendo lo mejor del mundo en esta especialidad"; sino en "Vendo muchísimo de este artículo porque es excelente; no se quede usted atrás, le mirarán como a un retrógrado". El preadolescente debe ser, pues, y al menos, igual que el de los Jones. La incultura gratis ya está en marcha. Logro póstumo de una legislatura frívola y dadivosa
A mí, la verdad, cuando veo un Kindle pálido y frío me recuerda a esas bicicletas estáticas que se aherrumbran en los balcones porque nadie las usa más de cinco veces.













































Etiquetas:

domingo, febrero 19, 2012

Asins: la estética en lo estático




La naranja informática




Texto y fotos © Rafael Castellano APGE)
Autorretrato: Elena Asins


(Corregido, aumentado y disminuido)



Algunos divanes freudianos, que más tienen de reclinatorio que de cheslón,amputan al ser humano de su narcisismo. Clasificado éste como pecado mental por una ciencia que tiende a horoscópica, resulta imprescindible para sobrevivir en un mundo que obliga a la autodefensa psíquica. Hace algunos años Elena Asins, vecina de Azpirotz, persona hipersensible, se vio por enésima vez marginada, o peor, desconocida o intrusa en las sedes de Kultura vascas, sobre todo navarras, a causa precisamente de una valía y de una prodigiosa capacidad de innovación que no podía negarse a sí misma sin enfermar de modestia. No podía convencerse de que la chapuza siguiera vigente en una Euskal Herria que tanto le habían ponderado. Pero ella, Elena, está inmunizada ante la estupidez casi desde la cuna. Nadie se la puede inocular. Todo un estigma.

TEl fatídico texto, en versal, que sigue a este proemio de actualidad en carne viva, sirve de flashbacks y explica con nitidez la odisea previa de Elena Asins hasta que el asunto-Altxerri-Arco la volcanizara, una vez más, de indignación. Estas líneas, espero, divulgarán en vuelapluma, previas a otras pesquisas, cómo está el patio de la (in)cultura en España y todas sus comunidades. Y a cómo la morralla que estraperlea arte oculto o deteriorado condujo, una vez más, a la polémica -- un decir, ella no pudo predicar -- entre Elena Asins, "Altxerri" y "Arco" en su convocatoria del 2012.
Ante todo, tengamos en cuenta a la persona que idea, del verbo idear. En este caso, Asins. Idear es una especialidad, una industria desde que los cínicos, en su acepción original griega, constituían un gremio que proporcionaba ese bien intangible, la idea intuida o investigada, u obvia, a quienes carecían de él. A mí, que soy amigo de Elena, nadie se llame a engaño, una vez se me contrató por una editorial para 'proporcionar ideas' dirigidas a la pauta de una publicación. Se quedaron con ellas y se las llevaron a otra empresa cuando le convino al redactor solicitante. Por fortuna, las manipularon y adulteraron. Pero me las sirlaron. Olvidando que la propiedad intelectual ni se manipula ni se adquiere para siempre, como si fuese un automóvil, o una moto a la que se puedan agregar o quitar accesorios. Por ahí iba, y va, el debate.
Tal y como la ciberartista, otra similitud mutua, he residido en una mínima aldehuela en la que mi persona disonaba hasta que fue encajando. Fui aprendiendo de paso insólitas liturgias: nada de papeles ni sellos para un trato: bastaba con estrecharse la mano. Solemnemente. Salvo casos de compraventa en que se exigen escrituras, y bodas que han acarreado cientos de miles de miles de divorcios, o circunstancias muy excepcionales, el mutuo acuerdo, crujido de dedos, era de férreo cumplimiento. Eso -- y no poner bombas esféricas con cogulla en la cabeza -- se llama acción directa. O sea, se acordaba de buena fe y sin la intervención de un fedatario infalible que lacrara el compromiso. ¿Quién da fe del fedatario? Y qué grosería, desconfiar. Eso sí, me extraña, y suputo que a Elena también, que se siga siendo humanamente humano con quien lo no es contigo; cordial con quien te ignora; abierto con quien se te cierra, sincero con los cazurros, educado con quien te minusvalora, justo con quien te somete a injusticia, y afectuoso con quien te considera un compromiso y un pelma.
Elena y los papeleos, disponiendo ella del rebote de sinapsis del que dispone, son incompatibles. En cierta ocasión -- otro contencioso artístico -- donde intervino la fe en lo humano en un mundo fractal y cabrón, no pudo pagarse un letrado especializado en la materia: perdió el pleito y las costas. Ahora la acusan los fariseos de delincuente, poco más o menos. Bien asesorados, porque eso son injurias. Está hecha trizas.
Existe, hogaño, un ritual periodístico esquemático, mecánico -- y chatarroso de másteres -- que entrevista, contrasta, recontrasta, verifica, y ale, ya ha cumplido: al cronista encargado de ello le han intoxicado por siete veces, todas sus fuentes exclusivas carecen de potabilidad; le han abierto el grifo de otras cinco que manan mentiras a medias y la estampa resultante termina en hipnosis de lo convincente. El populismo consiste en proporcionar la verdad revelada sin que el factor humano intervenga ni se aclare ni se moleste en hacerlo. Hacerse un criterio, qué coñazo. Y así, que la persona inhumana postjuzgue, que es peor que armarse de prejuicios del cariz de esta-tía-qué-se-cree-si-eso-lo-hace-mi- hijo-de-ocho-años con seis cartones. Fenómeno mezquino y feroz. Soez.
Desde antaño medra y delinque (sin jurisprudencia, eh) la especulación de obras de arte contempladas, sic, como futuro parné cuando el autor de esas 'cosas' se ausente de este mundo gracias a la plusvalía que la Parca o el Alzheimer proporcionan.
El reportaje definitivo, puntazo en las tripas del capital, sería el de una filtración de las listas de piezas estéticas contemporáneas, piezas que podríamos llamar ciegas porque el cuadro también nos mira a nosotros; piezas cuyos sus autores aún viven y colean; piezas que, en en cajafuertes de Suiza, sin servir de agrado a sus custodios, sin que se persiga otro afán de mecenazgo que aguardar a que premien a quien lo firmó con muy renombrados Galardones Bienales y Globales para revender al alza lo acaparado. O se aguarda a que se queden incapacitados. O insinuarlo en bolo-bolo. O a que la diñen, ya se dijo, que eso es la apoteosis. Tanto lo que llaman Justicia, mitología con otrosíes y venias, como la eterna estrategia de que el vulgo se mantenga imbecilizado y con un hermano del zumosol que cuide bien de ello desde la TV, contribuye a que la chusma no se plantee este negocio apestoso más allá de la anécdota.
Ese cártel de obra estética, al fin y al cabo de 'caprichos' negociables, busca que se le conceda la razón, también en lo intelectual, a los poderosos cuyas espaldas están bien cubiertas legalmente por si algún esteta con el cerebro bien cibernetizado se les rebota. Elena, lo han visto, se ha soliviantado. Ahora, está alicaida (aunque conserva las alas, eh). Y es la enésima injuria que sufre merced al monopolio de puteos a que se somete a la creatividad literaria, pictórica, escultórica o música. Así que ha echado mano, con toda la razón -- incluso la jurídica, valgámonos de las latrías del adversario -- de un dicho local: "De puta a puta, zapatazo". Se acabó el rendibú ante la compraventa especulativa de objetos bien vistos, de corifeos que rozan la condición del perista y que los contemplan con zalamero éxtasis; pero escasamente mirados.
Esperemos que naufrague algún día este bísnes tenebroso que tan bien calcula los achaques y estados de salud de sus escuderías y corralizas.
Elena no es fotogénica, en el sentido que hoy se le concede al concepto, ni una Afrodita. Consciente de ello, lo hace ver bien en sesiones de casting en íntimo regodeo, frunciendo las arrugas de la sabiduría ante quienes practican la exquisitez glamourosa, en este caso, la especialidad de Arte sometido a investigación de esta filósofa. No se maquilla, ni tiene por qué hacerlo. No acepta el 'photoshop' en este mundo recauchutado. Y, cómo no, surgen los traficantes de debajo de los pedregales, reptando, al ritmo de los trofeos, y los galardones y activos tan valiosos para el parvenu como ¡la fama súbita! ¡el star-system!, folletines que tanto siguen epatando al esnob. Como con el camelo del bouquet de un champán.
Son factores mitológicos de lo chic cuyos vaivenes constituyen seguridad en alza para los depositarios, nunca propietarios, del objeto mistificado. Ya que (viene en los libros) la propiedad intelectual o el daño inferido a originales (a Elena, en Pamplona, le destrozaron 64 obras de papel , expuestas en la Ciudadela, y ni le pidieron perdón) es intransferible. Si usted compra un Tàpies, lo cuelga en su casa, no le acaba de gustar y lo corrige con titanlux, está cometiendo un delito. Y quien dice un Tàpies, dice un Beorlegui, un Zumeta, un Jimeno. Si lo negocia o expone sin permiso del creativo, que ha evolucionado y no quiere ser considerado como en el 1999 ante la óptica actual, aquél puede rebelarse y gritar: "evoluciono, ergo existo". Es esa su sensación: que la captan muerta o desfallecida. No digo agónica porque la agonía no es morirse, sino pelear. Del griego 'agón' = lucha. No la aniquilarán.
El capital, léase coleccionistas de arte, o marchantes equivalen al pretérito 'broker'.
Recuerda, su actitud, a la Hermandad Judía, dueña, entre otras cosas, de los "jai-alai" USA. Fue sonada la huelga que le plantaron, inocentes, los pelotaris de cartel en los años 1960. En vano. Hacerle una huelga a la mafia, manda güebos. Ante el paro de cestas caídas de los deportistas explotados, se envían a Euskal Herria ojeadores, o ni eso, en busca de personal dispuesto, panaderos, gentes del andamio, mariñeles sin flete, aficionados de escaso fuelle. Se les contrata y, así, se envía a Las Vegas, Tijuana, Hartford, California, Miami, un batallón aerotransportado de agobiados por la crisis de entonces. Cubiertas quedan por esquiroles, así, las plazas en paro. El caso, moraleja, no es el espectáculo, ni la jugada, ni la proeza, mucho menos la competición. Sino que las taquillas sigan abiertas, que quienes aparezcan en cancha lleven un número a la espalda para que las apuestas corran mientras el respetable aguarda en el bar fumando cohibas.
El primer día del experimento, 20 saques fueron al toldo; pero daba lo mismo. El deporte-tragaperras no se detenía y no me vengas con la cultura física y el folklore. Pasta, pasta gansa. Muchos practicantes de negocios insensibles no vivirán lo suficiente para gastársela, pero anhelan con denuedo el doble. El mismo dislate, en el que la firma no garantiza, sino que revaloriza en metálico o letras lo pasado de fecha o defectuoso, se produjo hace unos días en "Arco". No dejaron que Asins hablara, como pudo hacerlo en Zarautz, cuando le destrozaban un "Canons" hoy sacralizado. Léanlo en el texto compacto, abajo. Veto de "ARCO" que no es compatible con la Constitución, otro evangelio inservible. Es más, dada su categoría (desde hace medio siglo), no tiene por qué aceptar exhibir lo suyo en sala o stand compartidos. Bajar a Segunda, vamos, por penalty injusto. Es un agravio pedírselo.

En un tris ha estado esta mujer, conceptual, ergo espiritual, de que le lobotomizaran la zona límbica, la de la autoestima. En un momento dado, la actitud cazurra ante sus méritos le rebaja su imagen ante el siempre grotesco espejo ajeno. Adicta a la certidumbre y lo concreto, los sí-pero-no-tal-vez de algunas burocracias kulturales dignas de las páginas de Stanislaw Lem le desgobiernan las entendederas. Muy influida por Wittgenstein, o por Max Hense, su amigo alemán, profesor en semiótica, y por el escéptico y filósofo de prosa accesible Bertrand Russell, la agobia en desazón el hecho de que los demás no vean (o no quieran percibir) lo obvio. Sabido, y sufrido, resulta especular acerca de qué le sirven al ser humano talento y conocimientos cuando éstos se limitan a uno mismo. O sea, que no se extralimitan, que es el proyecto de todo creativo. Es Asins, hay que reconocerlo, excesivamente alemana. No por culpa de Hense. Es anterior a su encuentro con él. Lo es por formación, por la atención auténtica que percibe durante sus conferencias, por el respeto látrico que se le profesa al arte experimental en la Europa real. Allí la reconocen, sobre todo en Stuttgart, donde dejó huella y recuerdo perenne.
En Nabarra es como mucho -- y a muy pocos les sonaba el nombre hasta ahora, que ahora le prodigan trofeos -- la Dama de Azpirotz. Escogió un vecindario rural donde ha arraigado en lo mundano y lo afectivo. Unas 470 almas, una ermita románica; ganado, sembradíos, boscaje para leña, maizales, los plenilunios del búho, hortalizas, frutales, pastoreo. Y un almacén como del farwest donde se compra de todo. Y el factor humano: nativos hospitalarios. Respetan lo que haga. Tanto, que le traen a domicilio pasado a turmix, el puré de frutos de la tierra y propios de la sazón que constituye su alimento cotidiano. Tampoco se priva de su espresso, conste. O de su café negro. Aunque, pese a su complexión transparente, soy testigo de cómo levanta o mueve piedras de tamaño considerable. Se ha integrado en la aldea, en los riscos, en sus visitas nictálopes a megalitos. Deambuleos de los que regresa con la impresión de haber respirado (pre)historias jamás extinguidas.




Tenía el euskara a mano, la curiosidad alerta, y a saltos lo
fue aprendiendo. Un mínimo, porque Elena es adicta a los 'euskalkiak', al dialecto vasco propio de cada zona: distintos diptongos en lo prosódico y lo sintáctico, de aldea a aldea, a veces de langa a langa, imantaban a la infórmata. Y, sobre todo porque, en ella es inevitable, la profundizó: "Hice fotos en Azpirotz y esa borda de ahí me resultaba ópticamente muy longitudinal. Lo que yo estaba buscando. Le pregunté a un profesor cómo expresarlo en euskara y me dijo: "Borda horizontala". Así que me fui donde el alcalde, que me lo tradujo a "Borda luzeketara". Lo prefirió, claro. Por dos veces me ocurrió el percance de dejar en la mesa de redacción de dos diarios sus fotografías, y por dos veces (además de ignorar, de entrada, a quien me refería cuando les hablé de ella) les extrañó su figura de okupa de caserón, pero pagando. Escueta de cuerpo y vestida de prendas de currante, con camionetas que iban y venían, solía enfrentarse, en una rotonda, con los pikos de Lekunberri, culpándolos de la mala señalización. Más asombro. Reside en un zoo de gatos. La predilecta, Kika, que hace poco falleció. Kika, la favorita, residía en el interior. Los demás son silvestres. En el primer diario me llamaron con urgencia: que me había llevado las fotos, que regresara con ellas. En verano, cierto, se pela al cero. "Pero si están ahí encima, donde siempre", le dije a la jefa, temiendo el traspapeleo y consiguiente viaje, de nuevo, a las alturas de Aralar. "Ah, es... esta, yo, es que..."
* * *
Lo bueno de Elena, véase, es que sabe que no es una pinup. Aunque tras diez minutos de diálogo, dimes, diretes y dicharaches, le surge la belleza interior, la afectividad áurea y una socarronería mixta de casticismo: nació y fue colegiala en Madrid. Un detalle la define. Llamo para felicitarla por su éxito en Reina Sofía (donde se pudo ver lo suyo hasta el 31 de octubre). Le digo que voy a hacerle una reseña, y de inmediato exige que lo gráfico sea "el que estoy de melena larga, que salgo mejor". Es coqueta. Como está mandado.





Cruje el folio oficial, hablo de 1996, cuando le concedieron otro premio, anterior al actual, que la sella como descubrimiento estético -- algo tarde -- y me muestra la carta en papel marfil que le otorga una Medalla de Bellas Artes. "¿Te la leo"? "¡Claro!". Lee, despaciosa: “…este premio reconoce además de su talento el conjunto de su obra comprometida… Reciba mi más cordial enhorabuena. José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno”. Se sentía -- eran sus meses, largos, de horas bajas -- insensible. Intuye, sigue intuyendo, que todo le llega tarde.
El premio de Bellas Artes de entonces no la liberó, por lo tanto, de su estado alicaído. Era, además, honorífico. En unos tiempos en que Asins precisaba, como todo artista plástico, de cónquibus para seguir adelante y afrontar deudas, hipoteca, material, luz intensa en el zaguán donde trabajaba, agua, contribución, calefacción imprescindible en aquellos riscos, hubiese preferido lo que hoy le va llegando: chaucha, parné.
Le costó, como en muchos de sus trances, emerger del eclipse hipocondriaco en el que vivía inmersa. Inpsiquiatrizable, salió del hoyo, volcánica, gracias a sus propias energías. Con lo cual, y sin caer en la inercia de plagiarse a sí misma, ahora lleva a la práctica con su último experimento algo que parece innovación provo. Tiene más que ver, no obstante, al igual que el pentagrama y sus claves y cánones, con la geometría acústica y visionaria de las formas. Elabora -- como aquellos vidrieros de antaño, que concedían una cromática astral a las iglesias -- con vídeos movedizos. Con el videoape-sensurround de su época. Son los suyos compases matematizados en ritual sociológico. Luego vamos a ello.

Durante una de sus fases se enzarzó en una geometría sintética – nunca simétrica -- en escultura; otra, proyectiva, en sus diseños de urbanismo con topografía de equilibrios invertidos. Por lo general, las poblaciones tienden a crecer del centro a la periferia. Indaga Asins en etnografía arquitectónica y constata, una paradoja más del cálculo, que esa expansión es constrictiva: los módulos tienden, desde el perímetro habitable, a una desocupación espacial del núcleo. Es la precisión hexagonal de la abeja.





La “Movida Inmóvil”
Considera el dolmen como ejemplo de arquitectura escueta; el menhir como antecedente genuino de los amanerados obeliscos. Lo matiza: “Esta construcción, en su primera idea, fue la ansiosa necesidad de disponer las cosas de la realidad, del espacio que acostumbramos a vivir, en un espacio sacro, un lugar de reposo eterno”. En Elena bulle la jamás negada proporción fibonacciana en su concepto metafísico y eurrítmico. Pero no de oído, ni a ojo. Sus algoritmos constituyen el hilo en tempospacio que nos conecta con la belleza emocional, en el sapiens innata. En eternidad limitada. Por eso, y por el contacto íntimo con la naturaleza, vino a instalarse en una zona agreste de Euskal Herria: Azpirotz.
Procede esta evasión, también, de la ansiada fuga de un mundo urbanita, el de Madrid, con sus esterilizantes socaliñas y chantajes creativos. Compañera allí de Oteiza, amiga suya desde la llamada con sorna en 'Biosca' la “Movida Inmóvil”, el de Orio, con su discurso encendido y peculiar, le ha ensalzado el País Vasco, Euskal-Herria, como lugar idóneo para huir en cuerpo y alma de la mediocriad y el esnobismo tan lamentable de "esto nos vendría de maravilla sobre el sofá fernandino del lívin" que aún invade incluso el coleccionismo y que, por desdicha, les sirve de tabla de salvación a los artistas.
Cuando la conocí, a Elena, se produjo un flash, no sólo debido al paisanaje en barrios paredaños: yo de Chamberí y ella de Buenavista. Es el caso que día me tropiezo en Zarautz con el pintor y agitador contracultural Juan Luis Mendizábal, “Mendi”. Acudía "Mendi" a su disciplina cotidiana y extravagante, aun para sí mismo, de reproducir en tablas el promontorio de Getaria según las estaciones, climas y horarios que iban transcurriendo. Me dice, cómplice:
-- Vete ahí arriba, a Azpirotz, y pregunta por una mujer con un gato.


Así comenzó el algoritmo de amistad espontánea. Que Elena resulta rara, imprevisible sus comportamientos, no hay quien lo niegue. A Crusoe no se le puede exigir un comportamiento exquisito. Eso sí, nunca llegó, como Oteiza o Ibarrola, a la irascibilidad. No es persona de trompeteos de ofensa, ni de cartas furibundas al Director. Prefiere el diálogo con quienes agreden de palabra y obra sus creaciones. Su oficio es el equilibrio. Lo ejerció.
Le habían concedido el primer premio de proyectos de esculturas al aire libre para el malecón de la antedicha villa, Zarautz. Una vez concluida e inaugurada ante la mar bravía la obra “Canons” un homenaje al músico Juan Sebastián y a sus fugas, y contrapuntos; a la partitura que ensambla el cálculo con lo sublimado. Los "Canons" los diseña en computadora y, por tanto, consecuente incluso en el sentido del material a escoger, ya que no le valía cualquier clase de piedra para transferirla de manera tangible e impactante. Se lamía un dedo, Elena, lo pasaba por la pieza, alzada a pulso, palabra, y me instruía acerca el efecto de la saliva-oleaje-lluvia sobre las piezas de mampostería secas y sometidas a prueba.
Una vez concluida la nada fácil ni barata escultura, un lujo de formato y rebote visual mucho más sorpresivo y valioso que otros tótemes para postal-suvenir que por ahí cunden, se la sabotean sistemáticamente mentecatos anónimos que se tienen por conocedores del Arte Vasco. Meaban (lo siguen meando) el "Canons", y le sacaban esquirlas a martillazos. A diario. Lo siguieron haciendo -- tras los laureles recibidos respetan el tótem, fenómeno habitual -- los gamberros del alba. Solo ellos. Tal y como en seguida les describo, “Canons” ha vencido, dada su concepción magistral, ecosistemática, a la morralla que la sigue despreciando. Veamos.



No es Elena personaje que se corte ante una facción de gamberros, o mejor dígase jebos ilustrados, en su día. (Ni de mercaderes de sus obras como si el arte, su ciberestética, cotizara en Bolsa de mercachiffles). Con lo cual, al saber del continuo e impune destrozo de bienes públicos de que era objeto su muy valiosa y adaptada escultura lineal, no se molestó en armar trifulcas con Concejos o Diputaciones. ¿La pasma? Menos aún. Tampoco acudió a la prensa, como otros a quienes habían descalandrajado sus obras urbanísticas callejeras, y que voceaban vandalismo. Voz que a ver si se extingue: los vándalos eran una casta escandinava bastante menos cruel y destructiva que la sublimada Roma. Va pues Elena, y convoca una conferencia abierta en un local de la Villa, entrada libre, para que sus detractores le expliquen por qué diablos la detractan. Todo un desafío del raciocinio contra la ignorancia culpable. Le cogieron el guante al vuelo a Asins, y hubo, por fortuna, debate. Evento muy positivo: por ajeno a la rasgadura de túnicas de muchos consagrados cuyas obras estaban siendo atacadas con nocturnidad.

No era “Arte Vasco”
De aquella asamblea en desafío, dialécticamente convocada por la filósofa, infórmata y esteta de Azpirotz -- tertulia a la que asistió nutrido público -- quedó al menos un corolario válido, un motivo antropológico. No es poco. Aquello de Asins, para el vecindario de Zarautz, concretando, no era Arte Vasco. Entelequia mal entendida por el vulgo. Previamente a ser abertzale hay que ser herrizale. También, se lo pido prestado a Gabriel Aresti, harrizale. Se les instala un magín fuera de serie, el de Asins, en los montes navarros,y le dan las espaldas.
Analicemos. Oteiza, alias Oteitza, hablaba de Arte-En-Escuela-Baska. No era arte-vasco; sino arte elaborado por vascos, y vasco es todo quien aquí se afinca. Amable Arias, leonés, fundó el grupo "Gaur". Exigió Oteiza aquel matiz de amplias miras
como condición para estar en el Guggenheim: que la obra de sus compañeros de fatigas experimentales le acompañaran en el palacio del titanio. O sea, habló de arte elaborado por vascos. Sabía bien el difunto escultor y gurú tonante que, pese a las grandes tiradas de “Quousque Tandem” y de “Ejercicios Espirituales en un túnel”, pocos de quienes lo adquirieron, u ostentaron, los leyeron. Y que, de éstos, una mínima parte había asimilado vagamente su esencia galvanizante dirigida a una juventud en letargo. Ésta se lo tomó, para desesperación del autor, al pie de la letra. Toda su generación, empezando por él, había huido a la diáspora, América, la Europa hiperbórea, París, la antigua Checoslovaquia, Georgia, Moscú, alérgica a un academicismo que Sotomayor, capitoste del Arte Nacional, imponía bajo pena de enviar a toda desviación al manicomio. Sic. Frase exacta de Mendiburu, escuchada y apuntada en Gaintza: “Como el salmón, fuimos a mares lejanos a concebir y regresamos aquí, a desovar”.

En el caso que nos ocupa, Elena encaja en el símil. Más allá de la exactitud conceptual de sus disparates, aquellas páginas de Oteiza contenían un revulsivo, un cóctel sociopolítico hecho a base de guindillas de Tudela. Lección que sus fans repetían de memoria, sin criterio. Desesperante.
Salvo la sección de Local de la prensa, el zipizape de la escultura violada, la de Elena, no lo difundió nadie. Hasta que “Mendi” me susurró aquella enigmática pista. Mi tarea en el dominical “Igandegin” consistía mayormente en entrevistar artistas plásticos en taller. Manos en la masa, mono azul mahón y mente cabreada por el último frustre sufrido.
Subo y contacto con la mujer del gato. Un tono de cortesía en la voz, sin cursiladas. Hospitalidad de buena ley. Me exige que tome café. Sabe hacerlo, también. ¿Cenobio? Aparente. Allí se labora, no se ora. El casón de entonces exhibe mampostería recia con sombra verde de hiedra antañona. En el inmenso zaguán de guijarro, maquetas arquitectónicas, una larga mesa con trebejos de geodesia. También se vale de lápices y papel, la ciberneta. De entrada se queja:
-- Me rompen el “Canons” porque soy de Madrid.
-- Yo también soy de Madrid.
-- ¡¿De Madrid?! – se sorprende, se alivia, roza la euforia --
¿Y trabajas en… ese periódico?
Creo que le extirpé algunos prejuicios, esa mañana.
Se desahogó, en la interviú, de lo ocurrido en Zarautz, pero sin acritud. Prometí antes explicarles por qué la obra “Canons” ha vencido a los orines soeces y a las mellas que la idiotez humana le causan. Algunas de éstas, reparadas en chapuza de buena voluntad municipal. Dejemos aparte cómo, en días de buen tiempo, la chavalería goza imbricándose – implicándose – en su laberinto.

Acabamos de disfrutar de mares vivas del Cantábrico que, en Zarautz, devoran con sus embestidas de estruendo el estrecho arenal y golpean el pretil donde la obra de Elena se asienta. En esas ocasiones, el fuerte oleaje lo azota en vano, lo adorna de espumarajos y se produce la simbiosis coital de lo visible, lo auditivo y lo sobrecogedor. No han podido con la maestría vitalizante de su autora. Alfa y omega. Quien la tome por un bluff, o va descaminado, o sus motivos son deleznables.




Del ábaco al Mac
Su axioma, que en el pensamiento, en el arte y en la vida cotidiana existe un torbellino de datos superfluos y de perifollos retóricos que debemos segar sin miramientos. Conecta este aserto con la necesidad de los pueblos hindúes-- la primera computadora es el ábaco— de definir la situación cuando un eje de arandelas se queda vacío. Tuvieron que concebir el cero.
Se confiesa iconoclasta. Las paredes de su casa lucen blancas, vírgenes. Ninguna obra. Ni propia ni ajena. Como excepción, un San Miguel de Aralar, zona donde pasea a solas su curiosidad primitivista. Como Moore hizo en Stonehenge. Esos picachos pedregosos le provocan a Elena un desasosiego ancestral. Llega a la convicción, ante los megalitos en crepúsculo, de que lo que se llama arte no es sino un simulacro de aquellos trabajos. De ahí sus menhires recreados, que se yerguen en la estancia, además de un centillero de siete candelas en signo de sus orígenes sefardíes. Son los más tangibles fetiches del hogar. Aunque no los únicos.
Porque Asins se blinda contra la pandemia tecnológica, el ‘mejorar a peor’, con su tótem predilecto: un Mac primigenio, alemán, sin disco duro, a quien se le inserta la memoria por disquetes cuadrados (el ideal pitagórico, mira). Escucha música mediante cintas magnéticas que aún la seducen más que el CD. Capta el atractivo de los grandes inventos en desuso. Con su presencia le reiteran otra de sus máximas: el ordenador es como un caballo, unos patines o una moto: si no los controlas tú, te derriban, te aturden. Te aniquilan.
Tarjetas perforadas
Estos trastos inmanentes van más allá de lo duchampiano. Contienen la alegoría del enorme computador de tarjetas perforadas que, 1967, cortesía de los norteamericanos de Torrejón, se instaló en el Centro de Cálculo de la Complutense.
A aprovecharlo acude Elena Asins y, con ella, varios talentos experimentales. Sirva de símbolo Luis de Pablo. El nexo entre el compositor bilbaino y Asins consiste en la casi invisible y limitada actividad de lo aleatorio en su producción. Otros investigadores del nexo entre estética y cálculo: Alesanco, Barbadillo, Soledad Sevilla, De la Prada, Eusebio Sempere, Abel Martín. Una beca para Bellas Artes en París, otra para Suttgart, Alemania, donde aprende semiótica con Max Hense -- cuya amistad y la de su familia se granjea -- ausenta del Centro de Cálculo a Elena. A su regreso, 1970, el armatoste ya ha despertado sospechas: sirve para desencriptar. Lo han prohibido. Logra pronto otra beca para la Universidad de Columbia, Nueva York, de donde saldrá doctorada en ‘computing art’. Allí se convence de que el mito de la inteligencia artificial es un tópico mendaz.



La microcomputación la instruirá, sobre todo, en organizar el pensamiento, economizar ideas y conservar sólo lo esencial. Ha de aprender a programar -- y lo logra -- en aquel centro donde ella es la única becaria que vincula cibernética con artes plásticas. Atrapada en simbiosis con los gigantescos IBM, se instruye al máximo durante ocho años, incluso los Días de Acción de Gracias. Con ella no van esas faramallas.
Vegetariana por convicción
Se entera allí de que todo software/hardware caduca según la vieja ley orgánica que acabó con el Seat-600 y hará lo mismo, de tanto llamarlas cosa de punkis, con las botas Martens. A saber: lo que no se estropea no es negocio. Pero la añoranza sin nostalgia de los cacharros funcionales con los que ella vio la luz de otra calología considerada como ciencia siempre inexacta, o menos especulativa, o más purificada, queda patente en su última producción. Ritmos visuales – síncopas -- en el contenido; formato y soporte que conforman un inconsútil epigrama. Vídeos. Pretéritos: de caja y cinta. De momento, invisibles. Aguarden el momento. Viven, ella y su gata “Kika”, en vibraciones de Schömberg, Bach, Haydn; o del Mozart más rockero y masónico. Es vegetariana por convicción. “No necesito matar animales para alimentarme”. Su figura es exigua, pero vigorosa. No es anorexia, ojo. Lleva cuarenta y cinco años de menú vegetal. Si le sobrevienen achaques y malestares de esos que no son letales, pero que avinagran la vida, no se dude de que se, llamémoslo así, de cicatrices mentales. No existe, para ella, la cirugía ética que le meta photoshop a la biografía mental. Es la pugna entre el amor propio, entendámonos, la certidumbre del camino de perfección recorrido, pero sin recompensa en su tierra. No quiere ni ver el vino, le recuerda a un padre alcohólico que la detestaba. Eso sí, desde la mañana enciende su purito con un zippo de museo. Fuma, fuma mucho. El tabaco, cierto, puede alegar, es una planta (Nicotiana Tabacum).
Cibernética: el Orientador...
En el principio, la informática fue cibernética. Lo impone hacia 1880 un escocés, James Clark Maxwell. Discípulo de Faraday, Maxwell es el padre de la magnetostricción. Procede el término cibernética de ‘kybernétes’, en griego ‘el timonel’. Navega el buque con sus velas, vapor, remos. Pero sin la maña del que maneja el gobernalle, encalla, zozobra y se va a pique. La voz ordenador es incorrecta. Más adecuada es orientador. Asins se convence, también, de que hablar de máquinas de pensar es otra fábula. No toda ficción – pese a Verne -- llega a ser ciencia. Ocurre como con las mal llamadas máquinas de coser, o de escribir, que no funcionan si alguien no las controla con destreza cerebral y dactilar. La televisión, para ella, es la quintaesencia de poderes espurios. Y reacciona contra lo reaccionario. Se enfrenta con sutil y brillante acrimonia a lo que como tal soportamos, sufrimos y exploramos en busca de una entrevista espontánea, una peli decente de suspense y evasión que no nos provoque mala conciencia por no pertenecer al llamado tercer mundo. O una cadena que, aunque emita publicidad, no transmita propaganda.
Va a desviar, pues, siempre estructuralista, los contenidos catódicos de forma que quienes contemplen sus obras se vean liberados de su rol de receptores pasivos de mentiras a medias. Quiere que en esa dialéctica entre óptica e imagen, realidad y percepción, visión exterior-visión interior se produzca un equilibrio crítico.
Manuel Manrique, catedrático en Psiquiatría precisamente en la Universidad de Columbia y en activo en las fechas en que allí se afanaba Elena con sus cómputos, deja dicho que “el silencio, la soledad, la percepción imaginativa visionaria, la tarea de convertir la energía psíquica en algo concreto es un mecanismo instintual, fruto de la estrecha cooperación mutua de lo psíquico, lo fisiológico, lo neuronal y lo psicológico”. Hubo, de seguro, algo más que telepatía entre ellos.
Rescoldos del ‘Movement’
Cuando Elena Asins se matricula en dicha Universidad de Columbia (USA), aún abrasan en ese subcontinente los rescoldos del levantisco “Movement”. Durará lo que se conoce como los ’60, que incluye varios ’70, y resulta imposible que no le lleguen los ecos de gong de tamaña insurgencia. Hormiguean en semiclandestinidad los representantes teóricos del ‘underground’ y se infiltran, sobre todo, en las universidades. Gran parte de hippies han perdido su ya débil prestigio, absorbidos por tiendas chic de moda op-art para burgueses transformistas. También, porque han vendido en simonía sus diatribas líricas a grandes monopolios discográficos.
Esta revolución histórica, el “Movement”, ignorada adrede tanto en EEUU como en un mundo ensimismado que desconoce las catacumbas de parias e intestinos humillados y por ende abstencionistas que habitan las Suburras de la nueva Roma Imperial – situación que al menos en maqueta Asins pretende revertir -- repara en la televisión alternativa, libre, como megáfono a su alcance. Elena está en Columbia como “Visiting Scholar” durante el mandato de Reagan (“siempre me toca lo peor”, reflexiona). Reagan ha prometido antes, como Gobernador de California, asfixiar militarmente a toda esa chusma andrajosa y de intelecto rebelde. Sin agregarse a ninguna agitación antisistema, Asins no es ajena al asunto. Lo contempla desde la barrera, en jirones y flashes. Su izquierdismo contestatario no es el adquirido en juventud, algo inercial. Ocurre que no soporta a la derechona inculta. La beca, además, es un merecido chollo del que depende su futuro y ha de sufrir la endura de trepas, tiburoneos, golpes bajos para aventajarla. Es intrépida, no temeraria. Se le fijará allí el teorema de que no es el pez grande el que se traga al chico, sino el más rápido al más lento.




Spiro Agnew, eminencia gris (y macarthista) desde 1969, logra de la Comisión Federal de Comunicaciones que se reduzcan al mínimo los permisos y licencias -- sobre el papel lícitos y constitucionales -- de estaciones de radio y televisión independientes. Un palo. Pero no tarda la disidencia en dar con la solución: el videotape, ingenio en auge cuyas ventajas son infinitas. Ante todo, es más barato que el cine de 16 mm y permite mayor producción para que los excluidos de la sociedad del bienestar puedan fabricarse e intercambiar información de supervivencia. También, difundir asuntos tabú de forma ágil y manejable. A través de este novísimo artefacto, mayormente el “TVX” londinense y el “Video Free X” de Los Ángeles, se cita al lumpen a convocatorias (son las ‘redes sociales’ de la época). Están dirigidos, los ‘tapes’, a chicanos y negros sin abogado de prestigio; a la escombrera social del ghetto que precisa de orientación específica para enfrentarse a un tribunal, evitar embarazos, esquivar desahucios o desengancharse de drogas, las legales incluidas. Todo el etcétera que el clasismo USA oculta y silencia.

Del bullying al mobbing
El ‘mobbing’ en la Universidad de Columbia por parte de condiscípulos desleales, que el Chairman monitoriza, no es novedad para Elena. Está encallecida ante el hecho de que su capacidad innata, su condición de superdotada para la comprensión técnica (en griego, ‘techné es arte) o para la autodidaxia algebraica supongan un hándicap que la señala como entidad a combatir. Se sabe, desde cría, distinta de los demás. La ignominia aún carecía de nombre concreto, ‘bullying’. Así que -- corren los turbios 1940 -- se aferra a las cobijas y cuando vienen a despertarla de su insomnio grita: “¡Al colegio, no! ¡Al colegio, no!”. Aquellas horribles párvulas se le echan encima. Ella, con tres años, ya sabe leer y a escribir. Aprende los libros de memoria. Pronto descubre cómo neutralizar a las pequeñas harpías. Dejan de acosarla cuando la ven con su cuaderno y sus lápices. “¡Andá, si sabe dibujar”. Una vez, al sufrir el enésimo ataque de las energúmenas y cuando, como siempre, las exorciza con sus dibujos, viene la profesora y le arrebata la cuartilla. Ella, temblando. Que de dónde había copiado aquello. Responde que no lo había copiado, sólo imaginado.
Medallas intemporales
La monja la conduce al despacho de la Superiora. Teme el castigo. Pero, para su asombro, le conceden un cintajo, un premio. Así, cuando le otorgan la Medalla de Bellas Artes en 2006, computa: “Ahora me dan otra”. Acude a recibir el trofeo a Córdoba. Se lo entrega la Reina Sofía. "Ya soy ilustrísima señora", comenta con amarga guasa. Ha podido viajar en taxi con su gata Kika. Regresa a Azpirotz sin que la apología en ringorrango a que ha sido sometida la extraiga de su decaimiento. Con el paso del tiempo, empero, sucede que una mañana atemporal, sin cronología, trasciende de su pertinaz apatía depresiva, en agobiante soledad, a la motivación, a la aserción. Sin terapia facultativa ni placebos, ni untos de los celebérrimos zahoríes y curanderos del contorno. Baja al psiquiatra; pero es más perceptiva, intuitiva e inteligente que él. Quiero decir que le capta las tácticas y estrategias de reanimación. Su recurso: trabajar, crear, proyectar. Una energía olvidada le recorre el cerebro. La acalambra. Se acabó el corte de luz. Sube al ático y pone en marcha, ¡klak!, su envidiable equipo de computadoras y plotters. Es un regreso, unísono, a la actividad de ambos. Y define, ante tan portentosa recuperación, que el cerebro humano es inextricable. Lo es.


(Continuará con últimas noticias y datos del Caso "Arco"/Asins/Altxerri, tras haberlos solicitado directamente de la ciberesteta Elena, protagonista de la polémica y el cambalache del afer "ARCO"-"Altxerri" en que se ha vuelto a ver inmersa. Es su fatum.- El Autor)





______________







Etiquetas: